LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES
¿Tiene algo de bueno el preocuparse, enojarse o entristecerse? Claro que sí, la función de nuestras emociones es: ayudarnos a adaptarnos al mundo en el que vivimos.
Aunque algunas emociones no son tan deseables porque no son placenteras, cada una de éstas nos mueve a solucionar algún problema o situación que se nos esté presentando, que de no ser por ellas resultaríamos más afectados al final de la circunstancia.
Imagina que alguien con quien convives a diario te insulta o molesta, sin importarle que te incomode o lastime. Si tú no reaccionas ante esta situación, con enojo, molestia o disgusto, en consecuencia, tendrás que esa persona y muchas más sigan teniendo dicho comportamiento contigo y esto no es sano ni benéfico. Sin embargo, cuando nos enojamos ante estas situaciones, nos sirve para poner un límite, por ejemplo, podríamos decir: tal comentario me ha insultado, si tienes algo que decirme deseo que me lo hagas saber respetuosamente.
El sentir preocupación es necesario, supongamos que no sientes preocupación alguna al faltar al trabajo, no cumplir con tus obligaciones en casa, gastar más de lo que ganas, etc. El resultado que vas a tener es que vas a perder tu trabajo, tener déficits en casa y trabajar para pagar deudas. En este caso, la preocupación te motiva a seguir adelante y cuidar de todos los aspectos de tu vida.
Cuando vivimos la muerte de algún ser querido, lo sano es sentirse triste y esto manda una señal a quienes nos rodean lo que hace que respondan ante estas señales y todo ello nos ayuda a superar el duelo. Por ello quienes no manifiestan sus emociones les cuesta mucho más superar el duelo.
¿Cuándo una emoción se hace negativa?
Cuando se pierde el control ya sea por la intensidad, magnitud o frecuencia y las emociones nos dominan, es decir, cuando se vuelven innecesariamente prolongadas y activan a nuestro organismo en exceso generándonos desgaste energético y provocándonos estrés.
Cuando la emoción irracional nos domina bloquea nuestra inteligencia y no nos permite ver más allá, por eso al momento de que se manifiesta una emoción irracional no podemos “pensar” en acciones correctas y nuestras respuestas son erróneas, impulsivas y emocionales sin analizar las consecuencias de nuestro comportamiento.
El enojo es sano, la irá no…
En el ejemplo de que alguien te ha estado insultando, la respuesta sana es el enojo que te impulsa a poner límites y solucionarlo. Pero imagina que activas tu cuerpo en extremo: empiezas a tener más palpitaciones, respiras rápidamente y tensas tus músculos, esto no te permitirá pensar de forma clara y racional, por el contrario, te pondrá sumamente enojado, con rabia y te acercas gritando, golpeando y aventándole. El enojo aquí ya se transformó en una emoción negativa.
En el caso del fallecimiento de un ser querido, sentirse sin ganas de salir de fiesta o tener menos motivación para ir a trabajar o realizar tu rutina diaria es sano, pero si esto ya interrumpe tus responsabilidades diarias y solo te la pasas quejándote de todo con todos, todo el tiempo, se ha convertido en depresión, que es una emoción disfuncional e irracional.
El verdadero reto es poder vivir nuestras emociones y expresarlas de forma correcta a fin de solucionar la situación, más no de prolongarla o llevarla a extremos insanos y a final de cuentas hacer más grande la problemática sin ponerle solución desde un inicio.
¿Te has sentido alguna vez así? ¿Haz dejado que alguna emoción te domine trayéndote consecuencias y resultados que no deseabas?
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